MARTES, 26 DE MAYO
Juan 17,1-11a
17
1Así habló Jesús y, levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, ha
llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a t i 2y,
por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a todos los
que le has dado. 3Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti,
único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo.
4Yo te he
glorificado sobre la tierra, he llevado a cabo la obra que me encomendaste.
5Y
ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía junto a ti
antes que el mundo existiese.
6He manifestado tu nombre a los que me
diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han
guardado tu palabra. 7Ahora han conocido que todo lo que me diste
procede de ti, 8porque yo les he comunicado las palabras que tú me
diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de
ti, y han creído que tú me has enviado.
9Te ruego por ellos; no
ruego por el mundo, sino por estos que tú me diste, porque son tuyos. 10Y
todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. 11Ya
no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti.
COMENTARIO
Para hablar con el Padre, Jesús
levanta los ojos al cielo, que, por su elevación, es símbolo de la esfera
divina.
·
El cieloes,
simbólicamente, la morada del Padre, de donde bajó el Espíritu sobre Jesús (1,32s)
y de donde, en cuanto Hombre-Dios, puede decir que ha bajado
él mismo (3,13.31, etc.).
·
Padrees el
apelativo de Dios que lo caracteriza como el que por amor comunica su propia vida y muestra
la relación que él tiene con el que lo pronuncia.
·
Ha llegado la hora anunciada en Caná (2,4) y
que había provocadola crisis de Jesús (12,27). Jesús la acepta plenamente; es más,
va a pedir que no se demore. Sabe que ella significa su victoria
(16,33).
Sin usar verbos que signifiquen ruego, Jesús pide al Padre que se realice
el acontecimiento salvador, la manifestación de su gloria/amor.
Es la gloria del Hijo de Dios, tu Hijo, es decir, del que reproduce
exactamente los rasgos del Padre. Pide así que, con el don de su propia vida,
brille en todo su esplendor ese amor sin límite, capaz de vencer incluso el odio que históricamente
lo lleva a la muerte.
De Jesús depende que culmine la obra creadora de Dios, pues sólo él
tiene la capacidad de llevarla a término en los demás hombres.
Al referirse al ser humano como mortal/carne, lo considera en su condición
efímera: es el hombre no acabado. Jesús, carne más Espíritu, es el Hombre-Dios, el proyecto de Dios
realizado y es él quien, comunicando el Espíritu que posee, da la posibilidad a
los demás hombres de obtener vida definitiva. El mundo futuro está ya presente
en la comunidad de Jesús. El reinado de Dios empieza a realizarse en la tierra.
A
todos los que les has dado, designa el grupo de los discípulos
como un todo: el Padre ha entregado a Jesús los que escuchan y aprenden de él,
los que responden a la llamada de la vida.
La vida definitiva consiste en reconocer que sólo el Dios que es Padre
es verdadero, rechazando toda otra idea o concepción de Dios: un
dios que establece con el hombre una relación señor-siervo es falso. Pero
este reconocimiento no es meramente intelectual, sino
basado en la relación, en la experiencia. Sólo puede reconocer que Dios es
Padre quien experimenta el amor que lo hace hijo. Y
sólo puede reconocer a Jesús como Mesías-Salvador
el que experimenta la liberación y salvación que él
trae. Una y otra experiencia se identifican con la del Espíritu, que
es la vida definitiva.
Jesús ha hecho patente ante los hombres, sobre la tierra, la gloria/amor del Padre, llevando a término su
obra.
·
Lo hace, en primer lugar, en sí mismo: la manifestación de su amor hasta
el extremo, que lo lleva a la plenitud de la condición divina, acaba en él la
obra creadora e inaugura el mundo nuevo y definitivo.
·
En segundo lugar, da remate a la obra del Padre
en los que le han prestado adhesión, comunicándoles el Espíritu, que los
encamina hacia su plenitud humana y los sitúa frente al Padre en la condición
de hijos.
Pide Jesús al Padre que haga resplandecer su gloria-amor, avalándolo con
su presencia, junto a ti, para que él
demuestre plenamente su capacidad de amar y de comunicar vida. De esa unión con
el Padre dimanará el don del Espíritu a los hombres y con él brillará
permanentemente la gloria del Hijo. De este modo, su muerte será la prueba
indiscutible de que su propia obra y amor son los del Padre.
Comienza la oración de Jesús por los discípulos allí presentes.
Jesús les ha manifestado la persona del Padre, porque verlo a
él es ver al Padre, es decir, actuando a través de Jesús, el
Padre se manifiesta a los hombres. Los discípulos, por su parte, contemplan en Jesús la gloria
del Padre que lo llena y que es su propia gloria (2,11).
La llamada del Padre ha hecho que ellos rompan con el sistema de injusticia y muerte, en
medio del mundo. Se han asociado al éxodo de Jesús. Los discípulos eran del Padre porque habían
respondido a su ofrecimiento, pero el Padre se los entrega a
Jesús, pues él ha de llevar a cabo la obra salvad ora. Han ido
cumpliendo el mensaje del Padre, que es también el de Jesús. Es
el mensaje del amor, que a través de ellos va realizando el designio
de Dios sobre el ser humano.
En el centro de este pasaje se explica el requisito para llegar al conocimiento: las
palabras... las recibido, y han conocido...
Repite aquí Jesús un principio enunciado dos veces
en el templo (Jn 7,17; 8,31): hay una opción, aceptar
las palabras que precede al conocimiento y es condición
indispensable para él: comprometerse con el bien del hombre. Sin
ese compromiso no se sale de la duda.
Este pasaje está en relación con Jn 3,33s: al
aceptar las palabras y el mensaje de Jesús y llevarlo a la práctica,
los discípulos experimentan la acción del Espíritu en ellos. Esto los convence
de la misión divina de Jesús y de que lo que tiene procede
del Padre.
La certeza de la fe no se basa, por tanto, en un testimonio externo, sino en la experiencia de vida
que produce la práctica del mensaje de Jesús, creando la comunión
con él.
Apoyada en esa certeza, la fe no necesita más prueba y puede resistir todo ataque. Esta fe descubre el origen divino de
la persona y misión de Jesús, que yo salí de ti… que tú me
has enviado. Cada aspecto de su mensaje y modo de
obrar, todo lo que tú me diste, refleja exactamente lo que es el Padre.
Se llega así, a través de Jesús, a conocer al único Dios verdadero.
Jesús tiene en cuenta la circunstancia en que pronuncia esta oración por
los suyos; es la de su marcha con el Padre. En las necesidades concretas, la
comunidad pide en unión con Jesús (16,16).Ahora, sin embargo, el ruego de Jesús
no se refiere a necesidades particulares, sino al futuro de su comunidad en
medio del mundo. Esta oración acompaña la existencia de la comunidad y la sostiene.
Jesús no ruega por el mundo,
el orden injusto. Respecto a él, sólo puede desearse que se destruya y
desaparezca. La injusticia institucional, que se llama el mundo, es enemiga del hombre y, por tanto, de Dios.
Subraya Jesús su incompatibilidad con el sistema de opresión y de
muerte. Los discípulos, en cambio, pertenecen al Padre y a Jesús; son objeto
del amor inseparable de ambos; son miembros de la misma familia, que tienen su
puesto en el hogar del Padre (14,2s).
El distintivo del grupo cristiano es que en él brilla la gloria-amor de
Jesús, en ellos he sido glorificado.
El grupo ha de continuar manifestándolo en su misión, con su actividad a favor
de la humanidad entera. Perpetúa así la presencia de Jesús entre los hombres.
Aparece el motivo de la petición de Jesús al Padre: la comunidad va a quedar en medio del mundo,
ambiente hostil y seductor al mismo tiempo, sin el soporte de su presencia
física. La comunidad necesitará ayuda para conservar su identidad, resistir a
los embates del mundo y seguir manifestando a
los hombres el amor fiel de Jesús y del Padre.
Padre santo, guárdalos en tu nombre...
Jesús pide al Padre por los suyos, para que mantenga a la comunidad
unida a él.
La unidad va a ser un tema recurrente en el resto del discurso.
Padre
santo denota al que es incomparablemente excelso, pero significa al mismo
tiempo santificador, es decir, el que
hace participar a otros de la excelencia divina. De ahí que el apelativo Padre Santo prepare la petición final de
esta oración: conságralos/santifícalos con la verdad. Como
los discípulos están unidos con Jesús, la vid verdadera, de quien reciben vida,
así han de mantenerse unidos con el Padre, permanecer en el ámbito de su amor.
De este modo mantendrán su propia unidad y no cederán al mundo hostil que los
rodea.
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