SÁBADO, 30 DE MAYO
Juan 21,20-25
20Pedro se volvió y vio que lo seguía el discípulo preferido de
Jesús, el que en la pascua se recostó en su pecho y le había preguntado: Señor,
¿quién es el que te va a entregar?
21Pedro, al verlo, dijo a Jesús: Señor, y este, ¿qué?
22Jesús le dijo: Si yo quiero que este se quede hasta que yo venga,
a ti ¿qué? Tú sígueme.
23Y entre los hermanos se corrió la voz de que aquel discípulo no
moriría. Y no le dijo que no moriría, sino: Si quiero que él quede hasta que yo
venga, a ti ¿qué?
24Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y el que
las ha escrito; y sabemos que su testimonio es verdadero.
25Otras
muchas cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, me parece que en el
mundo entero no cabrían los libros que podrían escribirse.
COMENTARIO
Al comenzar Pedro su camino a quien primero ve es al discípulo
modelo, al que nunca ha dejado de seguir a Jesús y continúa ahora su
seguimiento. Ese discípulo ha sido el apoyo de Pedro, está seguro de la
fidelidad de ese, pero no de su propia fidelidad, por eso, ahora que Jesús le
ha invitado a seguirle y le ha anunciado como meta una muerte como la suya,
piensa que podrá hacerlo con mayor seguridad yendo detrás de aquel que lo ha
hecho hasta ahora. Pero ya ha acabado esa etapa, el seguimiento es personal, es
la hora de la verdad.
Jesús no contesta a la pregunta de Pedro, afirma que el futuro del
otro discípulo depende de Jesús y de él mismo. A Pedro no le importa. La ruta
de cada cual y el seguimiento de cada cual con Jesús – aunque en comunidad-
realmente es autónoma, responsable, aunque todo confluirá al final de los
tiempos, hasta que yo venga.
Tú sígueme. La invitación, la llamada de Jesús,
no admite intermediario, aunque este/el otro sea el discípulo modelo, el más
cercano a Jesús. Cada discípulo está unido directamente a él. Seguir a otro
acabaría en fracaso porque impide la comunión íntima con él.
La vida del discípulo se caracteriza por el compromiso con Jesús,
sigue-me, que nace de la vinculación a él, no a otro aunque sea modelo, a mí, y
se ejerce en libertad, a ti que... te importa.
Se deshace el equívoco o malas interpretaciones que se pudieran derivar
de este dicho para volver a recalcar que la dignidad de cada discípulo está en
relación a su vinculación directa a Cristo. La libertad y responsabilidad
personal es de cada uno, lo cual supone recorrer el propio camino, afrontar la
propia responsabilidad, expresar el propio amor.
CONCLUSIÓN vv.24-25
De esta manera se cierra la obra entera. Identificando el autor de
la obra con el discípulo modelo, asegura al lector que la figura de Jesús
descrita en este texto responde al significado profundo de la persona de Jesús.
Es testigo de los hechos de Jesús en cuanto señales, signos, es decir, en
cuanto a que ha constituido para él una experiencia vital que ahora
brinda/ofrece a los lectores.
Y es la comunidad la que ha recibido, aceptado y refrendado este testimonio,
sabemos que su testimonio es digno de fe.
Acaba con una hipérbole que tiene sentido. Lo escrito es solo una
muestra, no se trata de saber todo lo que hizo, sino presentar su significado.
Para conocer a Jesús no hace falta plena información histórica sino que basta
con llegar a su interior y comprender su significado esencial.
En esta segunda conclusión, la primera era en 20, 30-31, el
evangelista nos explicita como cada persona tendrá una experiencia única e
intransferible.
El testimonio solo pretende invitar al encuentro con Jesús.
Para llegar a Jesús no basta la mera reconstrucción histórica de
su actividad y enseñanza. Pero hemos de tener muy en cuenta que el hecho
cristiano remite a un personaje histórico y a la historia, y, a la vez, es
necesaria la experiencia personal y transformadora de este personaje que no se
quedó aprisionado en su momento histórico, sino que se manifiesta y se presenta
en medio de la comunidad humana.
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