MARTES, 12 DE MAYO
MARTES
Juan 14,27-31
27La
paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se
turbe vuestro corazón ni se acobarde. 28Me habéis oído decir: Me voy
y vuelvo a vuestro lado. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre,
porque el Padre es mayor que yo. 29Os lo he dicho ahora, antes de
que suceda, para que cuando suceda creáis. 30Ya no hablaré mucho con
vosotros, pues se acerca el príncipe de este mundo; no es que él tenga poder
sobre mí, 31pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al
Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo. Levantaos, vámonos de
aquí.
COMENTARIO
Desear la paz era el saludo ordinario al llegar y al
despedirse. La despedida y el saludo de Jesús no son, como los ordinarios,
triviales. Tampoco se despide como todos, pues, aunque se va, no va a estar
ausente. Ir al Padre, aunque sea a
través de la muerte, no es una tragedia, puesto que su muerte va a ser la
manifestación suprema del amor del Padre.
El Padre es más que Jesús:
· En él Jesús tiene su origen.
· El Padre lo ha consagrado y
enviado.
· Todo lo que tiene procede del Padre.
Jesús había predicho la traición que
lo llevaría a la muerte (13,19); ahora predice los efectos de ésta: el triunfo
de la vida. La marcha es inminente.
El príncipe de este mundo es la encarnación del poder opresor. Jesús no está en
absoluto sometido a ese poder, ni este puede pretender autoridad sobre él ni
tiene derecho a detenerlo y condenarlo. Pero va a aceptar el enfrentamiento
para mostrar a la humanidad su amor al Padre llevando a cabo su obra a costa de
su propia vida.
La muerte de Jesús puede ser ocasión
para mostrar a todos de la autenticidad de su mensaje y de su fidelidad al que
lo envió.
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