SÁBADO, 16 DE MAYO
Juan 15,18-21
18Si el mundo os odia, sabed que me ha
odiado a mí antes que a vosotros. 19Si fuerais del mundo, el mundo
os amar como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido
sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia. 20Recordad lo que os
dije: No es el siervo más que su amo. Si a mí me han perseguido, también a vosotros
os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardan la vuestra. 21Y
todo eso lo harán con vosotros a causa de mi nombre, porque no conocen al que
me envió.
COMENTARIO
El mundo, designa el sistema basado en el poder y en la opresión. En el
evangelio se identifica con la institución religiosa, que tenía su centro en
Jerusalén. Dentro de la perspectiva de la misión de Jesús, con esta expresión
se incluye a todo sistema injusto.
El odio del que habla Jesús es
el que siente hacia la luz que lo
denuncia por actuar en contra de la persona. Precisamente, el mundoodia a Jesús por la denuncia que hace de su modo de obrar
(Jn 7,7). El favor o la desgracia ante el
mundo dependen de la aceptación o no de sus valores. El mundo exige que los individuos se integren en él, acomodándose a
sus principios y no haciendo caso de su injusticia.
Al optar por Jesús, los discípulos han roto con el mundo, y la elección o acogida de Jesús los ha
sacado de él.
Éste es el éxodo al que Jesús invita: el paso de la
esclavitud a la libertad, de la muerte a la vida. Por eso el mundo día a los discípulos como odia a
Jesús.
Jesús repite la primera parte del proverbio que había citado con ocasión
del lavado de los pies (Jn 13,16). La persecución es la consecuencia
inevitable de poner la vida al servicio de los otros. La actitud de los
partidarios del mundo ante Jesús y los
suyos es la sospecha. Mejor que guardar
la palabra es traducirlo por sospechar. El mensaje que
propone una alternativa los irrita y los alarma, temen perder sus
adeptos.
Los dirigentes se han negado a reconocer que Jesús era el enviado
del Padre; han creado una imagen falsa de Dios y por eso se oponen
al verdadero. El que ellos adoran se hace cómplice de la opresión,
puesto que en su nombre ejercen el dominio. No pueden tolerar al Dios que
está en favor del hombre y lo libera.
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