sábado, 15 de agosto de 2015

SEMANA XX
JUEVES

SAN BERNARDO


Mateo 22,1-14

22 1Volvió a hablarles Jesús en parábolas, diciendo: 2El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; 3mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. 4Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda. 5Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, 6los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron.
7El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. 8Luego dijo a sus criados: La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. 9Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda.
10Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. 11Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta 12y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?. El otro no abrió la boca. 13Entonces el rey dijo a los servidores: Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. 14Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos.

COMENTARIO.
22, 1En aquel tiempo volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo, diciendo: 2- El Reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. 3Mandó criados para que avisaran a los convidados, pero no quisieron ir.
Teniendo en cuenta esas invitaciones presentadas en el Contexto, nos da pie para entender por qué rechazan la invitación y hasta les parece ofensiva y escarnecen a unos y matan a otros. No están de acuerdo con el banquete, con quien han sido invitados. En el Reino que trae Jesús, se ve a lo largo del Evangelio, que tienen entrada leprosos, cojos, ciegos, pecadores, gentiles (centurión, mujer sirio-fenicia). El novio ha cruzado “a la otra orilla”, se ha saltado el mandamiento fundamental: guardar el sábado. No estamos de acuerdo con esta boda, con esta alianza y, encima, tienes la desfachatez de volver con la segunda y definitiva invitación. Por eso unos hacen caso omiso, siguen sus negocios y sus tareas. Otros, les escarnecen y los insultan, llegando incluso a matar a los enviados

Los invitados de esta boda están puestos en paralelo con los de la anterior, solo que en la parábola anterior se nos contaba la Antigua Alianza, y los siervos eran los profetas. Ahora, en esta parábola se nos cuenta la Nueva Alianza, y los siervos son los apóstoles (enviados). Se les llama siervos no porque el concepto de la Nueva Alianza sea señor-siervo, que no lo es. Ahora la clave es padre-hijos. Se les llama siervos porque la actitud en la Nueva Alianza es el servicio, la entrega.

4Volvió a mandar criados encargándoles que les dijeran: «Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda»5 Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, 6los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. 7El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad: La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían.
La segunda invitación es insistente, se hace por dos veces, vv.3-4.
Muestra el interés que tiene Dios y su esperanza de que el invitado rectifique. No se conforma con 1a llamada, lo suyo es una llamada/invitación constante.
Se insiste en que el banquete está preparado (vv.4.9).  Este verbo tiene mucha importancia en Mateo. Aparece en:
·         3,3: Preparad el camino del Señor. ¿Cómo? A través del servicio y la entrega total. Vivid así, preparando el reino.
·         25,34: Venid benditos de mi Padre al Reino preparado, porque tuve hambre, sed… En la entrada definitiva al Reino, pasan los que se preparan así.
·         26,17.19: Preparad la cena de Pascua. Este banquete preparado es el de la Eucaristía: la entrega total a los demás por el servicio.

La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían 8Luego dijo a sus criados: 9Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis convidadlos a la boda.
10Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.
Los primeros invitados, el antiguo pueblo de Dios que había recibido la Primera Alianza, no es capaz de responder a la invitación que se le hace. No transforman su mente, no reconocen el auténtico rostro de Dios y rechazan la invitación. Entran en un camino de muerte que les lleva a la muerte. Signo de esa muerte la ve reflejada el evangelista en el final del pueblo como nación y en la destrucción de Jerusalén, que son los acontecimientos que se esconden tras el v.7 y la figura airada del rey y sus tropas.
Sin embargo, los designios de Dios no fracasan, vv.8-9, la sala se llena hasta arriba de comensales. Es una llamada universal, a todos, no hay exclusión de nadie, llaman a buenos y malos (misma expresión que la parábola de la red barredera 13,47 en cuyo seno cabrán peces buenos y malos). Éstas son las características que definen el Reino que Jesús trae, ahora nos explicamos porqué los dirigentes de la Antigua Alianza trataron tan mal a los siervos que iban a invitarlos a la boda, porque ellos para nada comulgaban con una alianza tan universal en la que entran semejantes invitados.

11Cuando el rey entró a saludar a los comensales reparó en uno que no llevaba traje de fiesta, 12y le dijo: -Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?
El otro no abrió la boca.
13Entonces el rey dijo a los camareros:-Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Los vv.11-13 son exclusivos de Mateo y le dan a esta parábola una escena final sorprendente, que no se espera.
Siguiendo con las costumbres de la época, el rey no comía con los invitados, sino aparte, y en algún momento del banquete entraba a saludarlos. Esta costumbre le sirve a Mateo para introducir el tema del vestido de bodas que viene a completar la enseñanza/mensaje. No basta con ser invitado (todo ser humano lo es) y aceptar la invitación, es preciso procurarse traje de boda. Y traje de boda es esencialmente el traje de la novia. Los demás trajes que se llevan a una boda, incluido el del novio, no dejan de ser trajes normales, más vistosos o menos, más caros o baratos, pero el traje de la boda, el diferente, el que marca qué es ese banquete, es el traje de la novia.

Realmente en esta parábola lo que se narra son los desposorios de Dios con la humanidad (todos), con su pueblo, por eso se exige que vayas vestido de novia (de boda). El tema del rey es secundario, aparece porque el tema es el Reino, pero el auténtico meollo de este texto son los desposorios del Hijo (la Nueva Alianza), pero ¿Con quién? ¿Dónde está la novia? El tema del traje nos dice quién es la novia: cada uno de los seres humanos que han sido invitados y han respondido a la invitación. 

Ahora se nos dice que no basta con responder, la tarea en esta vida es ser un buen modisto, saber hacer bien el traje de boda ¿Cuál es? A lo largo de todo el Evangelio ha quedado claro: las condiciones para desposarse son las bienaventuranzas (5,3-10), que en el v. 16,24 ss, han sido resumidas en: Niégate a ti mismo, renuncia a ambiciones, entrégate, sirve (1ª Bienaventuranza); toma tu cruz y sígueme: acepta el camino de la entrega (8ª bienaventuranza). Sin esto, no se puede permanecer en la comunidad (5,19). Han sido invitados buenos y malos pero no se puede permanecer en la condición de malo, y ambos deben procurarse el vestido requerido.

Los miembros de la Nueva Alianza que no responden al llamamiento, “se quedó callado”, y que no se revistan con ese vestido, con esos valores, acabaran como los de la primera invitación que no aceptaron: atados (como la cizaña 13,20; como el maligno 12,29); imposibilitados de pies y manos; imposibilitados de ojos (en la tiniebla); imposibilitados de boca (rechinar de dientes-boca cerrada) y oído (solo lamentos). Es decir, las tres aéreas que definen a la persona en su totalidad, según la antropología semita, quedan atadas, canceladas, imposibilitadas. Un ser humano que no ha obtenido su plenitud en ninguno de sus tres ámbitos. Es el camino inverso al traído por Jesús que vino a dar luz a los ciegos, curar a los sordos-mudos y cojos-mancos, es decir, a llenar al ser humano en todas sus aéreas, en todas las facetas/dimensiones de su ser.

14Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.
Este versículo es conclusivo. Tal y como está, requiere una explicación, pues en su traducción literal resulta incomprensible.
Si traducimos literalmente palabra a palabra dice “muchos son los llamados y pocos los escogidos”, pero esto no va con lo que acabamos de leer donde todos eran llamados y todos menos uno son los escogidos.
Tampoco se resuelve la dificultad diciendo que este verso conclusivo no se refiere a estos últimos sino a los primeros invitados, porque entonces la conclusión debería decir: “muchos son los llamados y ninguno fue escogido”. La solución es lingüística. Hay veces que la traducción literal no expresa el verdadero sentido. Las lenguas tienen sus modismos, y aquí estamos ante un modismo semita clásico para establecer una comparación de superioridad, que tanto en hebreo como en arameo, se expresan mediante una oposición de contrarios.
Aquí dice literalmente porque muchos son los llamados y pocos los escogidos, pero la traducción es “porque son más los llamados que los escogidos”. Indica solo una superioridad numérica sin expresar en qué proporción. La única proporción que se nos da es que de todos solo uno es expulsado, pero tampoco es una proporción real. Nos narra un caso paradigmático para ponernos en sobre aviso: no está todo logrado porque hayas sido llamado y hayas respondido, tienes que fabricarte un traje y el corte y confección ya sabes cómo tiene que ser. 

Hay que responder con una verdadera conversión, una auténtica transformación (un traje nuevo) a la llamada gratuita de Dios.

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