sábado, 7 de noviembre de 2015

TIEMPO ORDINARIO
DOMINGO XXXII
Marcos 12,38-44
38Y él, instruyéndolos, les decía: ¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas, 39buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; 40y devoran los bienes de las viudas y aparentan hacer largas oraciones. Esos recibirán una condenación más rigurosa.

41Estando Jesús sentado enfrente de las arcas para las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban mucho; 42se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas, es decir, un cuadrante. 43Llamando a sus discípulos, les dijo: En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. 44Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.

1.    COMENTARIO
Jesús previene al pueblo contra los escribas, ¡Cuidado!, y pone en evi­dencia su conducta. Muestran un ansia desmedida de honores: visten de manera especial para señalar su categoría y recibir muestras de respeto, vestiduras, reverencias, y aceptan con gusto las señales de deferencia, pri­meros puestos. Al reconocimiento de su superioridad corresponde la sumisión del pueblo. Por su deseo de preeminencia y prestigio, quieren ser siempre pri­meros, ponerse por delante de los demás. Es lo contrario de lo que debe suceder entre los seguidores de Jesús (Marcos 9,35; 10,44). Subrayando su supe­rioridad, crean la desigualdad y afirman su poder sobre el pueblo. Y eso en todos los terrenos: lugares públicos, por las plazas; en la asamblea religiosa, las sinagogas; en los actos sociales, los banquetes.
 En el ámbito privado, utilizan la religión para aprovecharse de gente desamparada e indefensa, cuyo prototipo eran las mujeres viudas.
Jesús quiere que el pueblo adquie­ra espíritu crítico y así se haga libre: que no se someta a superioridades, que dé a las personas su valor real. La apariencia de virtud de los letrados es falsa, en realidad están muy lejos de Dios. Si el pueblo es capaz de ver los hechos, no se dejará guiar por tales maestros.

Terminados los encuentros con los dirigentes, Jesús se sienta ante la Sala del Tesoro, enfrente de las arcas de las ofrendas, punto central del templo explotador. Aunque la aureola reli­giosa de que la institución se rodea tiene más fuerza que la denuncia de Jesús. Un grupo numeroso, los ricos, contribuyen con grandes sumas de dinero, echaban mucho. Su generosidad muestra que aprueban los métodos de la institución injusta y la sostienen con gusto.

Jesús convoca a los discípulos, que no habían comprendido su exi­gencia de dejar la riqueza. Les enseña a interpretar los hechos: compara el comportamiento de los ricos y el de la viuda pobre. Su dicho es solemne, en verdad os digo, y enuncia una paradoja: lo que es menos vale más, lo poco del pobre vale más que lo mucho del rico. Va a explicarlo a continuación.

Jesús enuncia un principio: todos han echado de lo que les sobra. Es una multitud que no se entrega, para la que Dios no es el valor supremo. Dar de lo superfluo significa no dar lo esencial, que es la persona. No son los ricos de Israel quienes valen a los ojos de Dios, sino los que ponen su confianza en él.
Con su donación, la viuda se da a sí misma; hace de Dios el valor supre­mo, por encima de su propia persona, y hace depender su vida de él, pues no tiene más medios de subsistencia. La expresión, todo lo que tenía, refleja el mandamiento principal cita­do antes por Jesús (12,30: Amarás al Señor tu Dios con todo tu cora­zón...).  La viuda es ejemplo de un amor total a Dios, expresado en el total desprendimiento del dinero. Es lo opuesto a los dirigentes, infieles a Dios por su amor al dinero.

La viuda representa al Israel fiel a Dios. Los discípulos, en cambio, estiman más la gloria que la entrega. En ella, en la viuda pobre, no en el esplendor, está la verdadera gloria de Israel.

2.    ORACIÓN
Otra vez Jesús hemos decidió actuar buscando el éxito,
la aprobación,
el reconocimiento,
la eficacia,
el poder...
Otra vez hemos caído en la tentación.
Ahora, como la viuda,
te pedimos que nos ayudes a reconducir nuestros torcidos caminos,
que nos acostumbremos a hacer las coas
y a tomar nuestras decisiones,
motivados buscando solo tu gloria,
sin esperar las recompensas ajenas que nos asfixian,
nos descentran, nos agotan, nos consumen.

Necesitamos ponerte a ti en el centro,
encontrarnos contigo en el centro,
bajar al centro de nosotros para encontrarnos contigo,
y centrifugar nuestras motivaciones,
nuestros sentimientos,
nuestras memorias,
nuestras ideas y razonamiento,
iluminados por tu Palabra que nos libera
de las presiones,
de las expectativas.
  
Danos tu paz de sentirnos queridos
y no tener la necesidad de demostrarlo.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario