TIEMPO ORDINARIO
DOMINGO XXXII
38Y él, instruyéndolos, les decía: ¡Cuidado con los
escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en
las plazas, 39buscan los asientos de honor en las sinagogas y los
primeros puestos en los banquetes; 40y devoran los bienes de las viudas
y aparentan hacer largas oraciones. Esos recibirán una condenación más
rigurosa.
41Estando Jesús sentado enfrente de las arcas para las
ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban
mucho; 42se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas, es decir,
un cuadrante. 43Llamando a sus discípulos, les dijo: En verdad os
digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. 44Porque
los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha
echado todo lo que tenía para vivir.
1. COMENTARIO
Jesús previene al pueblo contra los escribas, ¡Cuidado!, y pone
en evidencia su conducta. Muestran un ansia desmedida de honores: visten de
manera especial para señalar su categoría y recibir muestras de respeto, vestiduras,
reverencias, y aceptan con gusto las señales de deferencia, primeros
puestos. Al reconocimiento de su superioridad corresponde la sumisión del
pueblo. Por su deseo de preeminencia y prestigio, quieren ser siempre primeros, ponerse por delante de los
demás. Es lo contrario de lo que debe suceder entre los seguidores de Jesús (Marcos
9,35; 10,44). Subrayando su superioridad, crean la desigualdad y afirman su
poder sobre el pueblo. Y eso en todos los terrenos: lugares públicos, por las plazas; en la asamblea
religiosa, las sinagogas; en
los actos sociales, los banquetes.
En el ámbito privado, utilizan la religión
para aprovecharse de gente desamparada e indefensa, cuyo prototipo eran las
mujeres viudas.
Jesús quiere que el pueblo adquiera espíritu
crítico y así se haga libre: que no se someta a superioridades, que dé a las
personas su valor real. La apariencia de virtud de los letrados es falsa, en
realidad están muy lejos de Dios. Si el pueblo es capaz de ver los hechos, no
se dejará guiar por tales maestros.
Terminados los encuentros con los dirigentes,
Jesús se sienta ante la Sala del Tesoro, enfrente
de las arcas de las ofrendas, punto central del templo explotador. Aunque la aureola religiosa de que la
institución se rodea tiene más fuerza que la denuncia de Jesús. Un grupo
numeroso, los ricos, contribuyen con
grandes sumas de dinero, echaban mucho.
Su generosidad muestra que aprueban los métodos de la institución injusta y la
sostienen con gusto.
Jesús convoca a los discípulos, que no habían
comprendido su exigencia de dejar la riqueza. Les enseña a interpretar los
hechos: compara el comportamiento de los ricos y el de la viuda pobre. Su dicho
es solemne, en verdad os digo, y
enuncia una paradoja: lo que es menos vale más, lo poco del pobre vale más que
lo mucho del rico. Va a explicarlo a continuación.
Jesús enuncia un principio: todos han
echado de lo que les sobra. Es una multitud que no se entrega, para la que Dios
no es el valor supremo. Dar de lo superfluo significa no dar lo esencial, que
es la persona. No son los ricos de Israel quienes valen a los ojos de Dios,
sino los que ponen su confianza en él.
Con su donación, la viuda se da a sí misma; hace de Dios el valor supremo, por
encima de su propia persona, y hace depender su vida de él, pues no tiene más
medios de subsistencia. La expresión, todo lo que tenía, refleja el
mandamiento principal citado antes por Jesús (12,30: Amarás al Señor tu Dios con todo
tu corazón...). La viuda es
ejemplo de un amor total a Dios, expresado en el total desprendimiento del
dinero. Es lo opuesto a los dirigentes, infieles a Dios por su amor al dinero.
La viuda representa al Israel fiel a Dios.
Los discípulos, en cambio, estiman más la gloria que la entrega. En ella, en la
viuda pobre, no en el esplendor, está la verdadera gloria de Israel.
2. ORACIÓN
Otra vez Jesús hemos decidió actuar buscando
el éxito,
la aprobación,
el reconocimiento,
la eficacia,
el poder...
Otra vez hemos caído en la tentación.
Ahora, como la viuda,
te pedimos que nos ayudes a reconducir
nuestros torcidos caminos,
que nos acostumbremos a hacer las coas
y a tomar nuestras decisiones,
motivados buscando solo tu gloria,
sin esperar las recompensas ajenas que nos asfixian,
nos descentran, nos agotan, nos consumen.
Necesitamos ponerte a ti en el centro,
encontrarnos contigo en el centro,
bajar al centro de nosotros para encontrarnos contigo,
y centrifugar nuestras motivaciones,
nuestros sentimientos,
nuestras memorias,
nuestras ideas y razonamiento,
iluminados por tu Palabra que nos libera
de las presiones,
de las expectativas.
Danos tu paz de sentirnos queridos
y no tener la necesidad de demostrarlo.

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