JUEVES, 30 DE ABRIL
Juan 6,44-51
44Nadie
puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré
en el último día. 45Está escrito en los profetas: Serán todos
discípulos de Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. 46No
es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha
visto al Padre. 47En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene
vida eterna.
48Yo
soy el pan de la vida. 49Vuestros padres comieron en el desierto el
maná y murieron; 50este es el pan que baja del cielo, para que el
hombre coma de él y no muera.
51Yo soy el pan vivo que ha bajado del
cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi
carne por la vida del mundo.
COMENTARIO
Jesús no entra en la discusión sobre su origen divino o humano.
Para acercarse a Jesús hay que dejarse impulsar por el Padre; pero ellos no reconocen que Dios es Padre,
creador/el que engendra vida a los seres humanos. El
Padre impulsa hacia Jesús, porque este es su don de vida a la humanidad, la expresión de su
amor.
Ellos, las autoridades judías, que no se interesan por el bien del
hombre, no esperan ese don ni lo desean. La actividad de Jesús a favor de los oprimidos
no los interpela, y, sin embargo, ésta es el único criterio para
entender quién es Jesús, su misión divina y la presencia del Padre
en él.
La resurrección era admitida y defendida por la escuela farisea como
premio a la observancia de la Ley. Jesús afirma que la resurrección no depende de esa observancia, sino de la fe en él. No hay más
resurrección que la que él da y que va incluida en la vida que él comunicará el último día, el de su muerte (Jn 6,39).
Jesús reinterpreta el texto de Is 54,13
(cf.
Jr 31,33s): el Padre no enseña a observar la Ley, sino a dar la
lealtad a Jesús. El texto del profeta decía: Todos tus hijos (los de Jerusalén) serán discípulos del Señor.
Jesús introduce algunos cambios:
·
Suprime la mención de tus hijosy
así universaliza el sentido.
·
El Señordel profeta queda sustituido por Dios/Padre, no es ya el Dios de
Israel, sino el Padre universal.
Según este pasaje, Dios no elige a algunos privilegiados para que crean
en Jesús, su acción se dirige a todos los hombres. Pero cada uno ha de aprender
del Padre y dejarse impulsar por él.
Dios impulsa a cada ser humano como creador de vida. Dios se convierte
en Padre. Es él quien ha puesto en el hombre la aspiración a la vida plena y quien lo induce a
encontrarla. Todo el que mantenga viva esa aspiración fundamental,
escucha al Padre, se sentirá llevado
hacia Jesús, el que posee la plenitud humana y da la posibilidad de alcanzarla.
Inseparablemente, el Padre está lleno de amor a todos los hombres: quien
sea sensible a los males de la humanidad y vea en Dios un aliado del hombre se
sentirá atraído hacia Jesús, que libera a los débiles.
El Padre no es inmediatamente accesible; sólo Jesús, que tiene la plena
experiencia de Dios como Padre, puede explicar lo que es Dios. Es más, él es el
único que puede manifestar su designio sobre el hombre y establecer las
condiciones para realizarlo.
Después de la denuncia anterior, pronuncia Jesús una declaración
solemne. Para el hombre, el efecto de la adhesión personal a él es poseer una
nueva calidad de vida que, por su plenitud, es definitiva, la vida eterna. Ella lo hace superar la muerte, asegurando
así el éxito de su existencia.
Jesús, el pan de la vida, se contrapone al maná, que no consiguió
llevar al pueblo a la tierra prometida (Nm 14,21-23) y a la Ley, que, como fuente de vida, era
llamada pan. Se pensaba que el maná
daba vida para este mundo; la Ley, para el mundo futuro.
Pero es Jesús, como pan, quien
ahora comunica al hombre la vida propia del mundo definitivo.
Hay una incesante comunicación de vida procedente de Dios, baja del
cielo, el Espíritu que fluye a través de Jesús y es comunicado por él. En un
momento determinado, el hombre debe hacer suyo este don
permanente comerlo; así evitará el fracaso y no muera.
Siguiendo los símbolos del éxodo, pasa Jesús de la figura del maná a la del
cordero, mi carne. El Espíritu no se da fuera de su realidad humana. Su carne lo manifiesta y lo comunica. A
través de lo humano, el don de Dios se hace concreto, adquiere realidad para el
hombre. En Jesús, Dios se expresa en la historia y manifiesta su voluntad de
diálogo con la humanidad. Es en el hombre y en el tiempo donde se encuentra a
Dios, donde se le acepta o se le rechaza.
Jesús dará su carne para que el
mundo viva. La expresión supone que la humanidad carece de vida, es decir,
lleva una vida que no merece ese nombre. La objeción de los judíos reflejaba el
escándalo que provoca el Hombre-Dios. Mientras Dios pone todo su interés en
acercarse al hombre y establecer comunión con él, el hombre tiende continuamente
a alejarlo de su mundo, relegándolo a una esfera cerrada y transcendente.
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