VIERNES, 22 DE MAYO
Juan 16,20-23
20En verdad, en verdad os digo: vosotros
lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis
tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría. 21La mujer,
cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en
cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al
mundo le ha nacido un hombre. 22También vosotros ahora sentís
tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os
quitará vuestra alegría. 23Ese día no me preguntaréis nada. En
verdad, en verdad os digo: si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará.
COMENTARIO
Para describir el dolor de los discípulos y la violencia
de la prueba usa Jesús los dos verbos clásicos para expresar el luto por un muerto: lloraréis y os lamentaréis. Marca así el
contraste con el mundo» y, con ello, el espectáculo que se ofrece a la vista de todos: el triunfo
del mundo sobre él y los discípulos.
Como en todo este capítulo, Jesús se refiere
en primer lugar a su propia muerte, pero
esta será el paradigma de las pruebas que habrá de sufrir la comunidad. Inmediatamente,
sin embargo, anuncia el cambio de situación, vuestra
tristeza se convertirá en alegría, gracias
a su nueva presencia.
La mujer, determinada, es figura de la humanidad (Is 26,17, la embarazada es imagen del pueblo, e
Is 66,8, donde es la ciudad de Sión la que da a luz a sus hijos).
En contexto de creación, tema que ha comenzado a partir del prólogo (Jn 1,1ss),la imagen evoca a Eva, la madre de los vivientes. Se alude así en este pasaje a un nuevo comienzo del género humano, al nacimiento de una nueva humanidad. esta nace como fruto de un desgarro, expresado en términos de muerte o dolor. De hecho, Jesús va a dar su vida para crear el hombre nuevo; pero también los sufrimientos de los suyos, perseguidos por el orden injusto, son dolores de parto de la humanidad nueva.
Jesús aplica el tema de la tristeza-alegría a los acontecimientos de su muerte-resurrección, ahora sentís tristeza…
Los pone así en paralelo con la imagen de la mujer que había usado antes: su muerte representa los dolores de parto; su resurrección, el
nacimiento del Hombre. La condición de Jesús resucitado no deja, por tanto, de
ser humana; es la plenitud de existencia que Dios ha destinado al hombre. De
este modo, la imagen del parto, que incluye dolor y alegría, se sitúa en una
doble perspectiva: por una parte, la de la muerte-resurrección de Jesús; por
otra, la de la tristeza-alegría de los discípulos en el futuro, pues la
persecución e incluso la muerte serán garantía de alegría y vida.
El gozo de la comunidad estará en la presencia de Jesús resucitado,
signo de la vida invencible. Una vez que los discípulos hayan
visto el triunfo de la vida sobre la muerte, la alegría será permanente. Cuando
llegue aquel día, comprenderán. Entonces, la experiencia del Espíritu
responderá a todas las preguntas.
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