domingo, 17 de mayo de 2020

VII SEMANA DE PASCUA

ASCENSIÓN DEL SEÑOR




Mateo, 28 16-20


16Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. 17Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. 18Acercándose a ellos, Jesús les dijo: Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. 19Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; 20enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos.

1.      COMENTARIO
16Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Los oncequiere decir todos. La frase excluye la existencia de otros discípulos. El número simbólicoonce, quiere decir todos, sea cual sea el número.
Los discípulos obedecen el encargo que Jesús había dado a las mujeres (vv. 9-10: Jesús les dijo: No tengáis miedo; id y decid a mis hermanos que vayan a Galilea, que allí me verán). Si van a la región, Galilea, y al lugar, monte, que el Resucitado les ha dicho, inexorablemente tienen experiencia de él. Pero, ¿qué significa Galilea?, ¿qué monte es ese?
·       Galilea es lugar simbólico. Es el punto de arranque. Del mismo modo que aquí comenzó Jesús con los discípulos, aquí también comienza la misión con los demás. Se trata de recordar los orígenes, los primeros encuentros con Jesús para que sepan re-comenzar la propia historia con él. Para Mateo el centro ya no es Jerusalén. El camino de Jesús es un camino nuevo, libre de todo judaísmo.

Hay que desaprender todo lo que han aprendido de Dios. El rostro de Dios es Jesús. Es una novedad en la frontera con los paganos, como lo era Galilea. Es la apertura a todos superando el nacionalismo de raza o creencias, representado por Jerusalén.
La misión es la de Jesús que ha culminado en Jerusalén. Los discípulos son seguidores, representan y encarnan la misión hacia fuera, que, partiendo de Galilea, llega a los confines del mundo. Prácticamente toda la enseñanza y todo el ministerio público de Jesús se realiza en Galilea. A Judea solo sube a morir. Volver a Galilea significa volver a sus enseñanzas, a sus obras, a sus caminos, a las experiencias con él. Esta es la alforja, la mochila necesaria para la misión. 
·   
    El monte. También es simbólico. Jesús no les había citado en ningún monte. Es un monte simbólico y muy concreto. Es el monte donde los convocó y les dio los nuevos “mandamientos”, palabras. Es el monte de las Bienaventuranzas, el del comienzo del evangelio. El monte simboliza la esfera de lo divino, la esfera del Espíritu.
Citar a uno en un monte es citarlo con lo divino, ponerse en la esfera del Espíritu, escuchar la nueva ley, los nuevos mandamientos/Bienaventuranzas. Todo ello en Galilea, teniendo presente sus enseñanzas y sus obras. Cuando se suma Galilea y el monte el resultado es: siempre que el discípulo “haga Galilea y suba al monte” va a experimentar a Jesús. Los discípulos cumplen estos dos requisitos y lo ven, lo experimentan.

17Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.
Los discípulos creen en él y dudaban/vacilaban. Esto no significa que no creyeran en él, sería contradictorio con se postraron/le adoraron. Las dudas y las vacilaciones son acerca de sí mismos. No tienen fe suficiente para asumir el destino de Jesús.
El término dudar/vacilar aparece aquí y en Mt 14, 31: Jesús le tendió la mano (a Pedro), lo agarró y le dijo: Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado? Se manifestaba la falta de fe de Pedro que comenzó a hundirse. Quería seguir el camino de Jesús por el mar, pero por su falta de fe comenzó a hundirse. Aquí sucede lo mismo. Ante la visión del Resucitado y el camino que ha tenido que seguir para llegar a la plenitud, dudan y vacilan si serán capaces o se hundirán como Pedro. Es la primera vez que tienen experiencia del Resucitado, del vencedor de la muerte, y saben que para llegar a ser como él hay que afrontar la muerte. No se sienten capaces de realizar en sí mismos la condición divina de Jesús.

Al igual que en el encuentro con las mujeres, unas y otros se postran ante el Resucitado. Pero hay una diferencia: mientras las mujeres lo abrazan, “se desposan”, quieren seguir sus pasos, estos vacilan y dudan. Las dos cosas son complementarias. Los seguidores de Jesús anhelan los desposorios, su condición divina y resucitada, pero a la vez dudan, se sienten incapaces.

18Acercándose a ellos, Jesús les dijo: Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. 19Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Jesús se acerca para infundirles ánimos y decirles que le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra y que él lo transmite, id. Hasta ahora, Jesús como Hijo del Hombre había tenido potestad en la tierra (Mt 9,6); después de su resurrección, se extiende al cielo y a la tierra. En virtud de esa autoridad, les envía a hacer discípulos a todas las gentes. La promesa hecha a Abraham (Gén 14,4ss; 22,18) se cumple. Toda la humanidad es llamada.

Id y haced discípulos. ¿Cómo se hace discípulos? Primero, el bautismo. ¿Qué bautismo? Evidentemente el de Jesús. En el evangelio han aparecido dos bautismos: al principio, el de Juan Bautista, que era con agua; al final, al pie de la cruz, aparece el bautismo del Espíritu, que también lo anunció Juan. El bautismo de agua era solo un signo de arrepentimiento y enmienda. El bautismo que realmente vincula con el Padre y con Jesús es el del Espíritu. Este sí que es la transmisión de la fuerza del mismo Dios que hace posible vivir en la plenitud que Jesús ha hecho realidad.
·       Haced discípulos no consiste solo en echar agua por la cabeza, sino en dejarse penetrar por el Espíritu y dejar que transforme la vida y lleve a plenitud/entrega.
·       Haced discípulos significa vivir vinculados al Padre, al Hijo y al Espíritu. Esta vinculación no se consigue por el agua, que es un elemento creado y separado de Dios. La vinculación con Dios solo es posible a través del Bautismo de Espíritu, que nos pone en la línea de Jesús, el Hombre pleno, y hace posible llegar a la plenitud: ser Hijo de Dios, hermano suyo, participar de su destino.

Segundo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Es decir, la enseñanza puesta en práctica.Guardar no significa depositar, conservar, sino “hacer vida, vivir”. No se trata solo de un primer acercamiento a Jesús por la escucha de un mensaje, sino de la práctica de ese mensaje.
La manera de hacer discípulos no es enseñar una doctrina, sino practicar todo cuanto os he mandado.
·       No hay mejor enseñanza que la que está hecha vida en la práctica. Lo que convence en este mundo no es el testigo que repite una divina y preciosa doctrina, sino el que la lleva incorporada a su vida.
·       Y, ¿qué es todo lo que os he mandado? La respuesta la encontramos en Mt 5, las Bienaventuranzas. Estos son los mandamientos nuevos de Jesús que sustituyen la Antigua Alianza. La manera de hacer discípulos es mostrar la vida que llevamos, la práctica del espíritu de las Bienaventuranzas explicitado en el Sermón del Monte. 
Los que van a enseñar todo esto a las naciones han de practicarlo. Solo arrastra quien enseña lo que practica y vive. Es la comunidad con su modo de obrar y la fidelidad al mensaje de Jesús la escuela de iniciación de nuevos discípulos.

Y sabed que yo estoy en con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.
Esta frase es una promesa que hace referencia a la misión encomendada. En esta misión, los discípulos/comunidad no van a estar solos. Él acompaña hasta el final. “No tenéis que dudar; podréis con todo, siempre que estéis bien encaminados para descubrir al Resucitado”.

El evangelio de Mateo, que se iniciaba con el anuncio del nacimiento de Jesús, llamado Dios-con-nosotros (Emmanuel), acaba recordando que yo- estoy–con-vosotros (= Emmanuel).  Él les dará fuerza para que beban el vino de la entrega total (Mt 26,29).
El Resucitado está hasta el fin del mundo, durante todo el reinado del Hijo del Hombre.Después quedará el Reinado del Padre, que es la fase definitiva del Reino de Dios. Por eso, nosotros decimos que el Reino de Dios ha llegado y, a la vez, pedimos en el Padre nuestro que venga tu reino.
·       El Reino del Hijo del Hombre ya está, ha sido inaugurado por Jesús.
·       El Reino del Padre, que es lo que pedimos en el Padre nuestro, no ha llegado. Es la fase definitiva del reino, cuando el Reino del Hijo del Hombre llegue al final, hasta el final de la historia.

Las últimas palabras de Mateo están en boca de Jesús y constituyen la conclusión y la cima del evangelio. Son revelación de la identidad de Jesús:
·       El Hijo del Hombre. Recibe de Dios todo el poder, me ha sido dado todo el poder.
·       Señor glorioso.  Recibe la adoración de los suyos, al verle le adoraron.
·       Hijo de Dios. En cuyo nombre hay que bautizar… en el nombre del Hijo.
·       Emmanuel. Presencia permanente con los suyos, yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin.

Y todo ello se confiesa desde el Jesús terrestre/humano, Jesús se acercó a ellos y les dijo... Desde estos presupuestos, Jesús los envía a la misión. La misión de Jesús comenzó en Galilea (Mt 4,12ss), por eso Mateo les hace subir a Galilea. Ahora, la misión es universal. Por cuatro[1] veces se dice todo: en v.18 todo poder; en el v. 19 todas las gentes; en el v. 20 todo lo que os he mandado y todos los días.
Ahora, es el turno de los discípulos convertidos en apóstoles/enviados. Su misión es enseñar todo lo aprendido. Lo que han aprendido en la práctica les capacita para enseñar.




[1] El número cuatro en el evangelio significa universalidad, todos. Hace referencia a los cuatro puntos cardinales: Norte, Sur, Este y Oeste. 

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